La derecha no uribista en Colombia

Una de las consecuencias de la retórica del juego de los buenos y malos en la política, sumado a nuestros sesgos y heurísticas naturales, ha sido el fenómeno de la rápida categorización. Decir en Colombia que se es de derecha, puede significar para cierto sector una forma de decir “soy uribista”; punto con el cual no estoy para nada de acuerdo.

A cualquiera que haya hecho el trabajo de poder identificarse en el campo de la política, es probable que los conceptos de derecha e izquierda puedan parecer sumamente ambiguos. La verdad lo son, es fácil categorizar a alguien (en especial a otros) dentro de una de estas vertientes, pero a la hora de definir la esencia del concepto realmente nos podemos hallar en confusiones y debates que no hacen sino dejarnos con más dudas.

Los seres humanos nos entendemos también por nuestras contradicciones, la mayor parte de las personas, al no ser que caigamos en una especie de fanatismo, solemos identificarnos más con las ideas que con las ideologías. Esto explica en parte porque en un país como Colombia donde más de la mitad de la población se considera católica, no existe una censura moral contra la fornicación. Recordemos que la Biblia condena al infierno a todo el que la practique y eso al parecer se le olvida al que va a misa el domingo para después tener sexo por fuera del matrimonio.

En materia política también somos contradictorios. Mediante este texto me identifico como una persona de la rama de la derecha política. Pero esta autocategorización por supuesto puede ser cuestionada. La otredad funciona también como un mecanismo para entender nuestra identidad, y posiblemente para alguien de extrema derecha yo tengo pensamientos de izquierda. En efecto tengo este tipo de pensamientos, pero la mayor parte de mis ideas van relacionadas con la derecha.


De Álvaro Uribe critico sobretodo su figura mesiánica. No estoy a favor de este tipo de personajes, quienes en función de su fuerte respaldo social han querido debilitar el sistema de peso y contrapesos

Las razones por las cuáles me defino en la corriente política de la derecha son:

  • Creo abiertamente en que el libre mercado es el mecanismo más eficaz para generar riqueza
  • Defiendo al individualismo sobre el colectivismo. Por lo que estoy a favor del emprendimiento, los impuestos bajos para las empresas y la creación de trabajo formal como una buena estrategia para salir de la pobreza.
  • La economía planificada por un estado central me parece una idea que realmente ha demostrado su fracaso
  • Creo en un desarrollo social generado especialmente desde los privados y el individuo; personalmente lo considero más eficaz que un proyecto de estado.
  • El estado debe participar lo menos posible en la economía. Únicamente lo considero necesario como un ente regulador. El mercado por sí sólo también tiene fallas perversas.

Entiendo perfectamente que cualquiera de los puntos es cuestionable, además que también es criticable relacionar estas ideas únicamente con el sector político de la derecha. Partiendo de ese sentido auto-critico y entendiendo que mi posición puede variar con el tiempo, a día de hoy me siento más identificado con los sectores de la derecha política.

El contexto colombiano es uno donde los odios (naturales y entendibles) hacen parte tristemente de un panorama donde la política funciona como una fuente de exaltación de pasiones y no un proceso racional. Es claro que no todas las izquierdas son las mismas, hay diferencias entre un Pol Pot, Chavéz, Michelle Bachelet, Lula Da Silva, Ceacescu, Petro o Stalin. De igual modo en las derecha se da la misma situación Obama y Justin Trudeau son diferentes a Bolsonaro, Pinochet o Videla por ejemplo.

El tribalismo a la hora de la verdad lo considero casi que el principal problema de nuestra naturaleza humana. Es decir, generar un sentido de pertenencia donde se pierde el valor crítico y lo importante es que mi grupo le gane al otro, lo considero una de las fuentes de nuestro idilio con la violencia y las guerras. He ahí donde empiezo a desmarcarme del uribismo en Colombia.

El hecho de ser defensor de la derecha no significa que vea el mundo en la medida en que los buenos son los que piensan como yo y los malos son los de izquierda. A decir verdad, en las últimas votaciones presidenciales y con el dolor propio decidí votar por Petro (un populista que no me gusta) porque lo prefería por encima del uribismo y sus cuestionables prácticas.

Posiblemente con Uribe yo tenga muchos puntos en común, ambos nos preocupamos por la economía, creemos en la necesidad de la inversión extranjera, de reducir el estado y promover el emprendimiento. Pero el anterior hecho no significa que no hayan asuntos éticos por los cuales puedo marcar distancia.

De Álvaro Uribe critico sobretodo su figura mesiánica. No estoy a favor de este tipo de personajes, quienes en función de su fuerte respaldo social han querido debilitar el sistema de peso y contrapesos. Uribe es sin duda el personaje político más poderoso del país, pero ese sentido mesiánico lo ha llevado a cometer o participar en asuntos épicamente reprochables. Su relación con los paramilitares, su ineficacia en la masacre del Aro, la yidispolítica, los falsos positivos, son entre otros asuntos para dar un paso al costado.

A pesar de estar de acuerdo en sus posturas económicas, el sentido ético no me permite votar y apoyar a alguien que en medio un control sobre entidades legales e ilegales ha construido una religión sobre sí mismo. Seguramente hay quienes comparten esta idea, nos molesta un tipo como Maduro o Chávez pero eso no hace que apoyemos a un personaje tan oscuro como Uribe.

Para finalizar, analizando en el escenario de la política actual colombiana, hay varios personajes que se pueden catalogar de derecha no uribista. Quiero apuntar sobre un caso específico y es el de Sergio Fajardo. Fajardo desde la izquierda ha recibido un trato como un uribista de clóset. En este sentido, es claro que Fajardo no es un tipo que defienda una revolución o le habla a los pobres endulzando sus oídos. Fajardo es claramente un tipo de derecha, pero si él fuera un uribista de closet, simplemente sería alguien demasiado estúpido en materia política.

Con la bendición de Uribe, Fajardo hubiera sido presidente sin ninguna duda. Por lo tanto, su búsqueda de apoyos en sectores que abiertamente han atacado a Uribe, claramente muestran un distanciamiento. Se puede ser de derecha en Colombia y eso para nada tiene que ver con el apoyo a un señor como Alvaro Uribe Velez.

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