Cuestión de suerte

  • La crisis venezolana es un drama en materia humanitaria. Aquel masivo desplazamiento que por cuestiones del azar puedo evidenciar a diario. Me ha permitido recordar una vez más, lo importante que es esa subvalorada variable que llamamos suerte.

Con base a ciertos temas que he tomado postura en este blog, alguno podría intuir mi nacionalidad. En efecto, soy colombiano y consciente también de los infinitos problemas que tiene esta nación. La desigualdad, la violencia, la enfermiza corrupción, la paradoja de ser una democracia institucionalmente fuerte pero débil en materia de libertad de expresión, etc. La gravedad de algunos de estos problemas requieren como mínimo décadas para ser solucionados.

No obstante, el hecho que Colombia sea un país tan difícil me hace pensar aún más en la situación de los venezolanos. En especial si tomamos en cuenta, que el nivel de crisis ha llevado al punto que algunos de ellos deciden emprender un viaje que una persona con un mínimo grado de comodidad lo pensaría más de 100 veces antes de hacerlo. Citando al título de la obra de Cioran, estos venezolanos viven “en las cimas de la desesperación”. A tal condición que deciden que es mejor irse del país, así eso implique caminar cientos de kilómetros por carreteras colombianas. Lo peor del asunto es que muchos lo hacen con fe ciega, caminar por horas hasta Bogotá no les garantiza un trabajo; pero para ellos es mejor eso que quedarse viviendo en Venezuela.

Maduro encomendando la economía a Dios. La mediocridad del presidente altamente evidenciada

Al vivir en una ciudad como Medellín, donde si yo quisiera puedo hablar con un venezolano a diario, he podido encontrar casos de profesionales capacitados que han llegado hasta esta situación. Así no le guste a algunos coach o quienes piensan que el universo conspira a su favor y todo es factor de mentalidad; la suerte en la vida influye mucho. Esta situación me ha llevado a pensar por ejemplo que la diferencia entre ellos (venezolanos) y yo, recae en que desde una linea arbitraría y abstracta como lo es una frontera, ellos nacieron algunos kilómetros al este, mientras que yo lo hice al oeste.

Esto no es cuestión ni siquiera de ser educado, inteligente o buena persona. Seguro, entre los miles que han tenido que abandonar dicha nación, se incluyen seres humanos con mayores capacidades que las mías y no me cabe la menor duda que entre esos decaídos rostros se hallan seres humanos moralmente mejores que yo.

Tampoco hay que caer en el tópico que todo es por culpa de ellos. Es decir, si bien es cierto que fue la voluntad popular lo que hizo que el chavismo ganara elecciones tras elecciones, también es cierto que hasta antes que la dictadura se desarrollara, habían personas en la oposición. Inclusive, usted se puede encontrar con quienes siempre fueron críticos del gobierno, nunca votaron por el chavismo, pero sus esfuerzos fueron nulos para enfrentar un enemigo mucho más fuerte que ellos. Un dato a añadir, en las elecciones entre Maduro y Capriles, el actual presidente ganó por un estrecho margen de 50.6% contra 49.1. Casi la mitad del país votó en contra de Maduro, pero haber ejercido su derecho democrático votando por la oposición no los salvo de los errores del gobierno.


Ningún ser humano por más inteligente, buena persona o trabajador que sea, va a estar exento de las desgracias que pueden venir con tener gente equivocada en el poder.

Esta sensación de suerte por no vivir una crisis como está debido a que nací unos cuantos kilómetros al otro lado de la frontera; me llevó también a la conclusión que no estoy exento de vivir algo así. Ninguno de los candidatos por los que he votado en primera vuelta han llegado a la presidencia, casi siempre se ha terminado montando el que yo veía como la peor opción. Por otro lado, por más participación ciudadana que pueda lograr, nada me asegura que no llegue un gobierno con esas peligrosas autoritarias y con un pésimo manejo económico.

Nada me asegura que Colombia no pueda terminar en manos de un movimiento o un personaje siniestro en materia económica. Sé que los presidentes de Colombia son demasiado cuestionables en materias incluso más importante que la económica misma, pero al menos en este apartado y en especial desde los últimos presidentes se ha hecho un trabajo moderadamente bien. Soy consciente de los mediocres números en crecimiento económico del país y también de las injusticias producidas por esta asfixiante desigualdad; pero el nivel de desastre como el venezolano, por fortuna no lo hemos alcanzado recientemente.

Ningún ser humano por más inteligente, buena persona o trabajador que sea, va a estar exento de las desgracias que pueden venir con tener gente equivocada en el poder. Lastimosamente la elección de ellos no depende exclusivamente de la razón, las emociones en materia político son un público mucho mejor.

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