Ser hombre en los tiempos de #MeToo

El #MeToo,  además de dañar la carrera de ciertos personajes con influencia bien sea económica o social, también ha servido para incomodar a los hombres en general. Se puede escuchar una preocupación generalizada entre nosotros: “ya todo es acoso”. El movimiento ha logrado uno de sus objetivos, llegar a la mente de los hombres y he aquí ciertas conclusiones que nos presentan este fenómeno.

Como fenómeno social, el feminismo ha llegado como un movimiento disruptivo a cuestionar el status quo existente. En realidad, el concepto es mejor interpretarlo desde lo plural, es decir es más justo hablar de feminismos que de feminismo. La realidad de la mujer a nivel global es por supuesto diferente en cada región.  Sin duda, en algunos contextos infelizmente existe más represión que en otros; como lo es el caso de ciertos países árabes, africanos o latinoamericanos. Todos ellos con problemas distintos a resolver y claramente con diferentes soluciones a buscar.

La trayectoria histórica que entiende al feminismo desde la división: primera, segunda y tercera ola, puede ser considerado bajo el contexto de sociedades occidentales desarrolladas. Las mujeres en todo el mundo han asumido diferentes batallas y en la actualidad hay grupos buscando los mismos derechos que se trazaban las occidentales con la primera ola.  Entendiendo, que mientras que en algunos países se alzan contra el acoso, en otros se lucha para que las mujeres puedan ir a espectáculos masivos, poder manejar, acabar una tradición de secuestro, etc.

Por lo anterior, es claro que el movimiento feminista tiene vastos objetivos a lograr; a pesar que esto no le guste a ciertos defensores del status quo que privilegia a los hombres. Por el otro lado, es de aceptar que hay radicales en ciertos sectores del feminismo donde la lucha ha ido agarrando tintes sexistas, aquello de la igualdad no se busca en ellas. Pero por el hecho que hay cierto grupo de mujeres gritando y atacando por problemáticas que puedan parecer a simple ojo “poco”, es claro que los feminismos desde un punto de vista global todavía son y serán necesarios por largo tiempo.

Los tiempos de la revolución en las comunicaciones, en especial con la existencia de las redes sociales, trajo consigo la plataforma ideal para propagar una ideología. En este sentido las redes sociales han sido útiles precisamente por los feminismos, en especial  para ir denunciando las condiciones de desigualdad o de opresión que se viven en determinados contextos. Un ejemplo de lo anterior y la base del presente texto es el movimiento #MeToo.

Harvey Weinstein ha sido uno de los afectados por la campaña del #MeToo


En términos simples, el movimiento #MeToo tuvo su apogeo en las sociedades occidentales en el año 2017. Con aquel hashtag muchas mujeres pudieron contar todas esas veces en las que fueron víctimas de un acoso, entre otro tipo delitos culturalmente normalizados. El movimiento fue tan fuerte que incluso la revista Time nombró como personaje del año a las mujeres que rompieron su silencio y se atrevieron a denunciar este tipo de acosos.

Esta situación trajo consigo diversas consecuencias: actores, directores, militares, políticos, se vieron envueltos en situaciones de acoso. Se perdieron trabajos,  algunas carreras quedaron manchadas, patrocinios se retiraron y las mujeres lograron a través de este movimiento un triunfo fundamental: incomodar a los hombres.

Por supuesto que en esto hay matices, el movimiento #MeToo también denunció actos de acoso como los de Kevin Spacey hacia un joven, es decir las víctimas no solo fueron mujeres. Por otro lado, he de aceptar que la definición exacta de acoso queda bastante entredicha, siendo fácilmente el tema de un nuevo artículo.  Es cierto también, que a pesar de lo importante que es que las mujeres denuncien, hay un valor muy importante al defender la presunción de inocencia. Es válido y casi que obligatorio la idea de denunciar, pero eso no significa que la justicia deba dictaminar una culpabilidad basándose solo en un testimonio.

El movimiento #MeToo nos incomodó como hombres y eso está bien. Los cambios sociales vienen especialmente de la mano con incomodar precisamente a quienes han cometido actos cuestionables. El acoso a las mujeres es una realidad que podemos percibir diariamente, en mayor o menor grado dependiendo del contexto, pero no deja de ser evidente. Los comentarios de los hombres en las calles,  la solicitud de intercambios sexuales a cambio de un avance social, la situación que una mujer tenga que soportar las pretensiones sexuales incesantes, etc. Las voces de las mujeres por años fueron calladas como una defensa del status quo, pero la posibilidad que se levanten y protesten es un triunfo innegable en este mundo.


El movimiento #MeToo nos incomodó como hombres y eso está bien. Los cambios sociales vienen especialmente de la mano con incomodar precisamente a quienes han cometido actos cuestionables.

He de aceptar que personalmente me sentí altamente incomodado con el movimiento del #MeToo. Como muchos, me cuestioné precisamente al pensar que esto se había ido muy lejos, manifestando mi inconformidad sobretodo con la idea que “todo era acoso”. El hecho de ponerme en los zapatos de la víctima, imaginando las emociones que pueden desencadenar ciertas acciones cotidianas que he llegado a cometer;  me obligó a repensar mi relación con las mujeres a lo largo de la vida.

He sido un defensor de la libertad sexual, estoy a favor que cada cual pueda hacer con su cuerpo lo que quiera, y solo creo que debe haber intervención estatal cuando no existe el consentimiento, ahí es violación y estamos hablando de cosas diferentes. Al ser una persona de esta tendencia liberal, busqué seguramente mujeres que tuvieran una visión parecida a la sexualidad que tengo.   Por supuesto que en muchísimas ocasiones tuve intenciones sexuales y casi siempre las manifesté de un modo u otro, respetando el 100% de las veces sus decisiones.

Después del #Metoo,  me llevé un fuerte cuestionamiento del modo que había actuado con ciertas mujeres en estos acercamientos sexuales. Mi crítica no fue tanto por el hecho de buscarlo, de una manera u otra también tengo el derecho de manifestar mi interés sexual;  el problema fueron en especial los métodos utilizados.

A partir del #MeToo fui autocrítico con muchas de las palabras que usé y esto me llevó a una reflexión profunda sobre mi acercamiento con las mujeres, en especial estando en alterados estados de conciencia.

Llegué a la terrible conclusión que algunas de mis acciones pudieron ser vistas como acoso, en especial aquellas que no recuerdo claramente; en algunos casos porque mi mente eliminó los recuerdos, en otros porque estaba en alterados estados de conciencia.   Todo esto me llevó a un profundo sentimiento de vergüenza.

Esto por supuesto cambió radicalmente mi acercamiento a las mujeres (especialmente si tengo algún interés sexual). Aunque el pasado no lo puedo cambiar y no recuerdo un caso puntual que me lleve a unas disculpas específicas, le agradezco plenamente al #MeToo de haberme cambiado mi visión, de haberme incomodado y sobretodo de evitarme cometer errores parecidos en el futuro

Creo que esto es lo importante de ser un hombre en los tiempos de  #MeToo, incomodarnos debe ser un objetivo y que en especial esto pueda llevar a una conciencia autocrítica de nuestras acciones. Doy por sentado que hay hombres que esto no les va a cambiar su mente, seguramente se escudarán en mil pretextos.

Pero la noticia positiva es que una revolución llega sobretodo a las mentes, y seguramente tal como la mía  cambió, miles de personas, tanto hombres como mujeres están cambiando sus pensamientos. Esto es un paso más para la celebración de una mejor sociedad.


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