Las guerras religiosas no han acabado

Un grave error en cuanto a la comprensión de la historia es la creación de un relato unificado para el mundo. Independientemente del hecho que paises que en siglos anteriores tenían guerras religiosas hoy no las padezcan; eso no significa que ellas hayan desaparecido totalmente. Lastimosamente todavía hay miles de muertos puestos en nombre de un entendimiento de lo divino.

Otra vez vimos el lado oscuro del humano. El domingo de ramos sangriento fue la noticia principal a nivel internacional hace unas semanas. En la isla de Sri Lanka alrededor de 8 explosiones acabaron con la vida de  más de 300 personas. Los objetivos de las bombas fueron tres hoteles de lujo y algunos centros de congregación cristiana.

La naturaleza del atentado nos habla de una planeación, que consistió en elegir el día (domingo de ramos), y las sedes donde se detonaron las bombas. Es evidente un motivo religioso detrás de las muertes de centenares de personas.

Además del objetivo religioso, también existía un claro  un discurso anti occidental detrás de estos atentados, especialmente si tomamos en cuenta la matanza en los hoteles. Ahí se encontraban principalmente ciudadanos de otras nacionalidades que aumentaron la cifra de muertos extranjeros.

Lo de Sri Lanka es un recordatorio a un hecho que fácilmente venimos ignorando en varios países, y es que las guerras religiosas aún están con nosotros. Un error común cuando se construye un relato global de la historia del mundo es dar por sentado que todo el planeta atraviesa la misma época. Un ejemplo de lo anterior es en las enseñanzas de historia cuando nos hablan de la edad media.   

En términos concretos,  la edad media en sí, fueron unos años que principalmente afectaron algunos reinos de Europa. Durante estos mismos años, los árabes alcanzaron la gloria, en China se construían murallas o los incas daban vida  a una muy rica civilización. No todo el mundo estaba bajo el manto de la edad media. Pero ciertos europeos pretendieron hacernos creer que era un devenir universal aquellos años de control religioso desde El Vaticano.

Bajo este relato, que el mundo va por el mismo camino hemos pensado que el tema de las guerras religiosas está acabado o falta poco para que llegue a su fin; nada más lejos de la realidad. No podemos negar que en occidente las guerras por motivo religioso han ido perdiendo presencia en los últimos siglos, nos hemos matado por otros absurdos, pero la visión  que un dios es el verdadero y los otros falsos, por fortuna no es parte del día a día.

Ä pesar de ello la religión sigue siendo un problema serio no solo en los países árabes sino también en el mundo africano. Los focos apuntan claramente al Islam, a los musulmanes se les ha echado el agua sucia de ser los responsables que ciertas guerras religiosas persistan. Aún más cuando desde la estrategia del lobo solitario han atacado directamente ciudades de gran valor para occidente como: París, Londres, Madrid o Nueva York.

Por el otro lado, dentro del mismo Islam hay grandes disputas, no todos los musulmanes creen lo mismo. La división chiísmo-sunnismo se queda corta a la hora de explicar los conflictos existentes alrededor de estas naciones. Talibanes, Isis, Al Qaeda, Hezbollah, Hamas,  Al Shabaab, Boko Haram, etc. Todos estos movimientos tienen diferentes intereses, e incluso entre ellos mismos ha habido diferencias esenciales que los ha llevado a matarse entre ellos. Un poco parecido a lo que pasaba hace unos siglos en Europa con la matanza entre católicos y protestantes por ser las guía del cristianismo correcto.

El asunto de la islamofobia no es pequeño, especialmente porque es uno de los puntos principales sobre los cuales se ha alzado el populismo de derecha. El discurso anti inmigración se refuerza contra ellos, Donal Trump lo hizo, y en Europa las voces en contra de esta migración son apoderadas por Salvini, Le Pen, Orban, etc.

Pero el problema no es el Islam directamente, las noticias también nos han mostrado que a ellos también se les ha perseguido. El caso de los Rohingya en Birmania nos habla precisamente como un sector militar, fuertemente influenciado por el budismo más extremista, se ha encargado de expulsar y asesinar a este grupo de musulmanes. Ellos han sido obligados a ir a la frontera con Bangladesh para vivir en condiciones deplorables.

El atentado en Christchurch (Nueva Zelanda), aunque se le puede denominar como un crimen de odio perpetrado por un lobo solitario, nos demuestra también el poder de estos discursos en contra de los musulmanes. A estos últimos  se les ha hecho una propaganda negra, como si fueran los únicos portadores de odio, pero lastimosamente en general los humanos somos el problema.

Como pasa en la mayoría de las religiones, la mayor parte de los creyentes realmente no están identificados en el lado extremista de la religión. Si el islam fuera el problema, tendríamos una guerra mundial, no olvidemos que más de mil millones de personas en el mundo se identifican con esta religión.

Por otro lado, podemos hallar movimientos incluso cristianos que también andan asesinando. En Uganda existe el Ejército de Resistencia del Señor. Este es un movimiento guerrillero cristiano,  principalmente se encarga de arrasar aldeas donde viven los musulmanes. Ellos son sindicados también de reclutar niños para la guerra.

En Sri Lanka, lugar de los recientes atentados,  existe una fuerte división entre sectores hinduistas, budistas y musulmanes. Ha habido una tensión histórica entre estos tres, siendo el cristianismo casi que la religión minoritaria, pero que en esta ocasión se llevó el agua sucia de esta espiral de odio.

Milicianos del Ejercito Resistencia Señor

La cuestión es que no hay religión buena o mala per sé, se puede ser de cualquiera de ellas y pasar toda la vida sin la menor intención de asesinar a otro que tenga una diferente creencia. El problema radica sobretodo en nuestro tribalismo, el problema sigue siendo humano y esto no va a parar hasta que largos procesos sociales (quizás algunos evolutivos) vayan dejando atrás las raíces de nuestros odios más profundos y peligrosos.  

El tribalismo aparecerá en otras versiones, no sólo la religión, también la política, o los equipos deportivos son otra vía de escape para estas pulsiones. El problema es que la religión, en especial estas tres (cristianismo, islam, budismo), tienen una presencia global con millones de personas, todas ellas involucrándose en mayor o menor medida con sus respectivas creencias.

Es prohibido contar los conflictos religiosos como algo del pasado, aún lo vemos y lo peor de todo es que no estamos exentos que muramos  víctima de un crimen de odio. Los cerebros limitados de estos individuos asocian cualquier cosa que no les sea familiar con el enemigo.

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