Márquez y Santrich jugaron para Duque

¿Cuál es el objetivo de un acuerdo de paz?. Este asunto puede generar discordia y un enfrentamiento entre diversos puntos de vista casi que diametralmente opuestos. Generalmente, los acuerdos vienen después de un tiempo de desgaste donde la pérdida humanitaria hace mucho tiempo ha sido desastrosa. Bajo ese concepto, se crea un acuerdo entre partes donde el principal objetivo es para la carnicería. 

El contexto colombiano ofrece una complejidad mayor, por años se ha intentado entender el conflicto y  pocas cosas quedan totalmente claras. Una de estas escasas certezas, es que en este conflicto no hay un bandos de personas esencialmente buenas y otro de esencialmente malas. Bajo una visión fantasiosa de la guerra, podríamos afirmar que el ejército representa las fuerzas del estado, por ende son los buenos; pero el ejército también ha sido victimario en esta guerra. Por el otro lad,  las Farc sí han sido uno de los peores errores que ha surgido en este país.  

La paz imperfecta se podría llamar al periodo post 2012 cuando se decretó el cese bilateral. Si bien el acuerdo de paz era dirigido hacia un único grupo que era las Farc, las estadísticas demostraron que en materia de conflicto los indicadores iban mejorando. Se alcanzaron los índices más bajos de homicidio en décadas, el secuestro,  las tomas a los pueblos, las minas antipersonas, el desplazamiento, entre otros venían bajando. Tanto así fue que las elecciones de 2018 el tema central de campaña no era qué hacer con las Farc. 

Por supuesto esto se daba en un contexto donde el destino de los principales guerrilleros causaba una división profunda en el país. Un sector reclamaba que los dirigentes fueran a la cárcel sí o sí, por el otro lado había quienes entendíamos que la idea de la total paz con la total justicia hace parte de los cuentos de fantasía. 

Uribe y Duque venían perdiendo popularidad, el anuncio de los ex-guerrilleros revitalizó su imagen

 Quisiera que alguien me dijera un ejemplo de una guerra que haya terminado en justicia total, ya que poca evidencia histórica respalda dicha idea. Bajo ese orden, personalmente me puse a favor del “SI” en el plebiscito, comprendí que era más importante que menos gente muriera a que un tipo de estos tuviera que ir a la cárcel. Por supuesto, hay quienes dirán que ambos fines era el objetivo, estoy completamente de acuerdo, pero los procesos de paz no suelen ofrecerte esta garantia.  

Por otro lado, a pesar que las estadísticas en materia de guerra venían mejorando, habían ciertos focos que se intensificaron. Uno de estos problemas es que el tratado de La Habana solo tenía a las Farc en la negociación. Los diferentes clanes y su disputa de rutas del narcotráfico, la situación en el catatumbo, los atentados del ELN o el aumento de los cultivos de coca nos hacían recordar que la paz no es un absoluto que se alcanza con un acuerdo, la paz es un proceso. 

El anuncio de dirigentes de las Farc como Márquez o Santrich de volver a la guerra, cae como un baldado de agua fría dentro de la sociedad que asumió ciertos costos, para tener una sociedad con menos muertes injustas (es lo máximo que se puede pedir en este contexto).  Esto por supuesto, desnaturaliza el resto del proceso, pero sobretodo las Farc están jugando el juego que más le convenía a la dupla Duque-Uribe. 

 

UN sector de la ciudadanía colombiana se niega a la idea que los cabecillas de las Farc pudieran liberarse de la cárcel

La cuestión es sencilla, parte de la idolatría que un sector de la población colombiana le ofrece a Uribe es que él atacó al enemigo público del país. Por el hecho de eliminar al enemigo común, hubo quienes decidieron hacer caso omiso a las incontables acciones cuestionables del ex-presidente. Bajo este contexto, Ivan Duque llegó a la presidencia teniendo que seguir algunas líneas impopulares de Uribe, pero sin el enemigo en común.

Por un tiempo parecía que era Venezuela el posible peligro, más esto no fue así. El ELN se asomó como la otra cara, pero tampoco pudo moverse como el objeto de odio de la opinión pública. Ahora Márquez y Santrich se convierten en el enemigo público  y esto recarga de combustible político a Duque-Uribe.  

Todavía es temprano para saber cuál es el verdadero poder militar de esta nueva estructura. De esto depende el devenir político de Colombia en los próximos años. Si se crea una estructura tan siquiera la mitad de poderosa de lo que fueron las Farc en los años 2000, el enemigo sería bastante peligroso. Esto llevaría a que una significativa porción de la población colombiana votará por quien hable de mano dura, que seguramente tendrá la influencia de Uribe ahí. 

En términos generales, Márquez y Santrich terminaron siendo los mejores aliados del gobierno, asuntos que hoy ocupan la primera plana como la corrupción volverían a ser problemas de segundo orden comparados con la necesidad de exterminar al enemigo público. Duque puede seguir cometiendo los errores que ha venido ejerciendo hasta ahora, pero sí en medio de ello son asesinados los “enemigos públicos” su popularidad sin duda alguna va a crecer.  

Si el regreso de estos personajes a la clandestinidad era válido o no, es tema de otra discusión, el hecho es que hicieron su anuncio al mundo y otra vez hemos retrocedido unos 5 años. Lo más triste del asunto es que aspectos más importantes como lo son el cambio climático, la formalización de la economía,  van a ser relegados por otra vez la discusión tercermundista si elegimos un caudillo o no para poder exterminar el enemigo en común. 

 

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