Sobre lo políticamente correcto

A lo que se le denomina lo “políticamente correcto” a priori podría ser visto desde un lente positivo. El sano interés de no querer ofender a las personas es algo plausible en la construcción de esta idea. Pero también es cierto que hay un punto donde su imposición choca con un derecho fundamental y  es el de la libertad de expresión. 

El actual presidente de la nación más rica  del planeta, obtuvo dicho cargo a partir de una retórica en contra de diversos objetivos, uno de ellos fue el etéreo concepto de lo “políticamente correcto”. Meses antes  de aquel noviembre de 2016, Trump lanzaba su campaña de una manera poco ortodoxa. 

El entonces candidato republicano se independizó de la idea de moderar su mensaje para evitar ofender, de este modo fue abiertamente hostil contra diversos grupos poblacionales, especialmente inmigrantes. La  crítica directa hacia lo políticamente correcto fue sin duda un capital político para Trump. Algunos de sus seguidores llegaron a identificar sus constantes faltas de respeto como una clase de virtud. 

trump

Trump durante las elecciones a la presidencia de Estados Unidos – 2016

 

La idea de ser políticamente correcto (al menos desde el contexto estadounidense)  recae entre otros, en el deseo de no herir susceptibilidades, en especial con ciertas comunidades que históricamente han sufrido de grandes injusticias. Sobre esto considero que ser políticamente correcto producto de una profunda vocación es un acto loable.

Una persona que tenga un grado  de empatía tal, quien busca no hacer sentir ofendido a las personas por su condición de género, raza o credo; desde mi visión ética mínimamente merece un genuino respeto. Este individuo en su plausible búsqueda decide apropiarse de ciertos discursos, modifica su lenguaje y busca ejercer un respeto muy profundo hacia la otredad. 

Ahora bien, a pesar que es una idea sensata el rechazo hacia aquel tipo de discurso hostil contra cualquier comunidad; se ha evidenciado descontentos a esta aparente imposición. Incluso intelectuales de izquierda (espectro político que usualmente se asocia con estos movimientos) tales como Slavoj Zizek, no se hallan de acuerdo con esta idea. 

                                Zizek sobre lo políticamente correcto

 

Parte del descontento es debido a que se considera lo políticamente correcto como un imperativo. Precisamente la idea de restringir el lenguaje por motivo de un valor común, puede atacar a la idea de libertad de expresión. Dicha libertad es un derecho fundamental, esta se basa en entender que independientemente de lo que las personas piensen, todos estamos en derecho de poder proclamar abiertamente nuestros pensamientos. 

Vale la pena reconocer que este respeto impuesto desde lo políticamente correcto,  tiene ciertas características que incomodan. El riesgoso uso de ciertas palabras, las cuales pueden caer fácilmente en la malinterpretación puede llevar a una emotiva reacción de quienes dicen sentirse ofendidos.  

En este punto, considero como eje fundamental que el derecho a no sentirse ofendido no existe. Ofenderse es una emoción, la cual puede ser provocada por diferentes móviles, más no necesariamente por un hecho objetivamente perjudicial. Nuestra sesgada realidad, el capital emotivo invertido en una idea u otras razones puede llevar una tergiversación de un acto o de una palabra.    

“Precisamente la idea de restringir el lenguaje por motivo de un valor común, puede atacar a la idea de libertad de expresión.”

Es importante en este orden entender la diferencia entre una opinión y un hecho. Cualquier persona puede utilizar una de estas plataformas masivas para decir cualquier idiotez como los “judíos son la causa de los problemas mundiales” o “los negros son menos inteligentes que los blancos”, etc. Pero no porque dicho mensaje repercuta o tenga difusión, significa que lo dicho sea un hecho. 

Las ideas estúpidas se combaten con mejores ideas y promover la censura es dejarle la puerta abierta a los autoritarios que pueden excusarse en el “respeto” para poder abiertamente censurar. Recordemos que las dictaduras pueden disfrazar su represión en ideas como defender los valores tradicionales, la promoción de sanas costumbres, entre otros. 

En términos generales a las personas no se les puede exigir  más que respetar nuestros más básicos derechos, de ahí en adelante no hay control mayor, ciertos sentimientos de odio son albergados inherentemente en las personas a pesar de no haber bases que lo sustenten. Claramente la anterior propuesta tiene una excepción, y es cuando se usa el lenguaje para promover el exterminio o el ataque a determinado grupo. En dicho caso el lenguaje se utiliza como vehículo de una violencia física y es necesario frenarlo.

A pesar  que ser políticamente incorrecto no es  una virtud, en la medida en que suele ser justificado como el mecanismo para que la gente pueda expresar sus verdaderos sentimientos racistas, machistas, xenófobos, etc. Tampoco puede ser negado como derecho y hacer una censura a la libertad de expresión sería el paso equivocado. 

Antonio Escohotado analiza la corrección política en el contexto de la elección estadounidense

 Es tentador estar a favor de reprimir los pensamientos que consideramos erróneos o desagradables desde nuestra moralidad. Más el problema es que reprimirlos significa también que alguien tenga la posibilidad de vulnerar nuestro derecho a pensar o hablar, especialmente si nuestras ideas para el grupo dominante son consideradas desagradables. 

La censura como mecanismo para controlar el pensamiento es una estrategia antigua en  materia del control político. Históricamente hemos visto evidencia cómo se crean instituciones encargadas de identificar y atacar a quienes piensan diferente dentro de un gobierno. Esto ha llevado a obras tales como 1984 de George Orwell, donde se plantea un autoritarismo que busca sofocar a lo que llaman “crimen mental”, que se traduce a no estar de acuerdo con la idea dominante. 

El hecho que alguien se pueda sentir ofendido (sentirse de esta manera puede ser provocado por razones que objetivamente no son tangibles) no es una causa para frenar la libertad de pensamiento. Las personas únicamente tenemos control sobre lo que decimos, más no podemos tener control sobre las emociones que va a despertar nuestras palabras. Haciendo uso de la libertad, considero que tenemos la libertad de decir aquello que pensemos; independientemente si es racional o no. 

Para finalizar, reitero mi admiración para quienes buscan precisamente ser personas políticamente correctas, es una búsqueda que personalmente hago, claramente con cierto escepticismo, como usualmente lo hago con todo lo que creo. El problema es querer imponer una virtud, por más loables que sean, las virtudes también entran en el rango de elección de un sujeto y éste no está obligado a seguirlas todas. .   

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