El humanismo y la pandemia

En medio de plena pandemia, las noticias nos informan diariamente de decisiones que  algunos no habían visto en su tiempo de vida. Actualmente tenemos una significante porción de la población humana en cuarentena. La crisis económica es prácticamente un hecho; pero al parecer arrastrados por el fin humanista de salvar vidas, diversas sociedades están tomando riesgos y acciones de las que con el tiempo veremos sus consecuencias.

De la crisis desatada por el COVID-19 mucho se ha escrito y seguramente se escribirá aún más conforme pase este particular tiempo en la historia de la humanidad. Después que la contingencia se esfume, una de las grandes preguntas será sobre qué fue lo que llevó al mundo a reaccionar de esta manera con tan pocos precedentes. 

Probablemente el historiador del futuro se preguntará inicialmente sobre la verdadera peligrosidad de la pandemia. Debido a que el virus se encuentra en curso, es imposible saber a ciencia cierta el verdadero porcentaje de mortalidad.  En este punto podemos tomar en cuenta los casos de Corea del Sur y Alemania, quienes mediante una estrategia de test masivos han tenido un considerable porcentaje de muertos.  

Cabe aclarar que estos dos países también han acompañado su trabajo mediante efectivos procesos de aislamiento. Sin embargo hay una realidad  y es que el número de casos reales es de lejos mayor. Por lo anterior estamos ante la incertidumbre de conocer su verdadera letalidad; la cual por supuesto puede variar conforme las medidas tomadas por cada nación.

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Corea del sur es uno de los ejemplos en materia de la lucha contra el COVID-19. Foto: Agencia AP 

Para empezar, al momento de escribir este articulo y tomando los datos desde: Our wolrd in data de 467,71   y los muertos van rondando los 22 mil. Claramente este dato quedará obsoleto en los próximos minutos, pero nos habla de un porcentaje que está rondando el 5%. Debido al crecimiento exponencial del virus se plantea que los casos reales pueden ser de 3 a 10 veces mayor. 

Las variables que se encuentran están que a nivel mundial no existe un uniforme sistema de medición, los datos han sido una gran herramienta durante esta crisis, pero esto no significa que sean totalmente confiables. Tiempo pasará pero se puede arriesgar a pensar (asumiendo cualquier error de cálculo) que el virus puede tener un indice de letalidad bastante menor de lo que se teme.

Entre 2014 y 2016 hubo una epidemia de Ebola que terminó con la vida de alrededor de 12 mil personas. Esta epidemia estuvo especialmente enfocada en Liberia y Sierra Leona, pero hubo un caso tanto en Italia como en España que prendieron las alarmas sobre esta enfermedad.  Recordemos que el Ebola tiene un indice mortal sobre el 40% por lo que si se vuelve una pandemia, estaríamos hablando realmente de un escenario que sobrepasaría de lejos los impacto del actual.

En comparativa entendemos que la mortalidad del COVID-19 no es su gran problema, lo que genera temor son dos cosas: su rápida propagación y los efectos en los sistema sanitarios especialmente en el momento que alcance su pico.  Hasta ahora los principales focos de la pandemia han sido naciones con un sistema de salud fuerte, son el caso de China, Italia, Estados Unidos o España, todas ellas economías del primer mundo. 

El capitalismo, esa fuerza abstracta de la que algunos consideran que no hay poder sobre él, fue atacado con fuerza por el COVID-19 

A pesar del poder económico de estas naciones, estas se enfrentaron a situaciones desagradables como las de Bergamo, Wuhan o Madrid. En estos escenarios se conoce que los médicos han tenido que elegir dejar morir a pacientes, porque simplemente el sistema se encuentra en un colapso que hace imposible salvarlos a todos.

  Como todas las grandes catástrofes en la humanidad, esta  también pasará, la inmunidad del rebaño soportado especialmente por aquellos que tuvieron el virus y sobrevivieron, sumado a la ralentización del mismo serán aspectos que puedan controlar el problema. 

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Wuhan fue la ciudad que resistió al primer brote de la pandemia 

 

Por lo anterior los escenarios apocalípticos sobran, el COVID-19 no es algo que mate a todos y digamos que su peor parte podría ser sorteada a partir de las diferentes acciones que hemos visto en los gobiernos. Incluso en su peor estado, con un colapso general de los sistemas de salud en todo el mundo, habrá un momento en que el contagio descenderá y como otros virus en la historia desaparecerá. Cabe también como posibilidad que  se convierta en una enfermedad estacional, por lo que se esperaría ante una posible segunda oleada un mejor manejo de la situación; hasta que llegue la cura o un tratamiento idóneo.  

Antes de la presente crisis existía la preocupación de la posible llegada de la recesión económica. Después de lo que hemos visto durante estas semanas, tenemos un panorama complicado para sectores como el del turismo, aerolíneas e incluso  la paralización de diversos sectores económicos en países como Italia o China. Para algunos la recesión se da como hecho. El capitalismo, esa fuerza abstracta de la que algunos consideran que no hay poder sobre él, fue atacado con fuerza por el COVID-19 

Cerrar fronteras, cancelar vuelos, terminar con los eventos masivos, finalizar las competencias deportivas para algunos puede parece ser exagerado, e incluso en cierto punto pueda estar a favor de esa idea. Arriesgar de esta manera el sistema económico, donde se da por hecho que miles de personas perderán sus trabajos por un virus que podría tener una letalidad del menos del 1%, quizás suene exagerado. Pero la conclusión a la que llego me da un aire de optimismo con respecto a la humanidad. 

Se podría concluir que la razón principal por la que todo está ocurriendo es el deseo expreso de salvar la mayor cantidad de vidas posibles. Podríamos estar asistiendo a una elevación de los estándares morales de la especie, uno en el cual nos damos cuenta que podríamos parar un sistema económico y desacomodarnos en prolongados encierros con el noble fin de salvar vidas. 

Los virus han estado, están y estarán con nosotros, ellos también participan en este complejo sistema que llamamos vida. Lo que estamos presenciando es que hemos descubierto el poder que podemos tener para evitar muertes, así esto conlleve consigo una crisis económica y la renuncia voluntaria, parcial y masiva del derecho a la libre movilización.

Si esto llegase a ser así plantearía grandes debates sobre por ejemplo cuál debe ser nuestro mejor método para enfrentar una epidemia en el futuro. Pero si en décadas anteriores la cancelación de eventos deportivos, la suspensión del comercio, el cierre de fronteras ocurría especialmente en escenarios de guerra, hoy sucede para salvar vidas y eso podríamos llamarlo sin lugar  un progreso que estamos teniendo como especie.  

 

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