La lucha por la autoestima (II)

Segunda parte de este trabajo que consiste en compartir algunos elementos para poder trabajar la baja autoestima. La primera parte la pueden leer aquí 

La comparación con los otros:

Una de las fuentes de energía que impulsa la baja autoestima es la comparación. Es normal compararnos, los seres humanos hemos desarrollado paralelamente de la cooperación la competitividad. Esto lo hacemos más veces de lo que creemos, siendo en la mayoría de casos pensamientos momentáneos con poca influencia en nuestro estado de ánimo. 

Los tiempos actuales traen un difícil reto para la comparación no sana  y estos son las redes sociales. Quiero aclarar que considero que las redes sociales tienen muchos más beneficios que perjuicios para nuestra vida diaria, pero esto requiere un inteligente uso.  El problema con dichas plataformas es producto de una clara trampa.  las personas son las que deciden voluntariamente qué mostrar.  

envidia
La envidia es también producto de la falsa percepción que tenemos de los otros

Desde ese momento partimos con una desventaja: nos conocemos a nosotros mismos desde que tenemos uso de razón, somos consciente de nuestros defectos y hemos cargado con las consecuencias de algunas malas decisiones. Al conocer de primera mano las cosas que no nos gustan de nosotros, caemos en el error de pensar que  todos los demás lo van a notar o peor aún le van a importar.  

Conocemos bien nuestros fracasos, frustraciones, traumas de infancia, dolores de la vida. Conocemos bien lo peor de nuestro ser porque precisamente con él es que hemos convivido a diario cierta cantidad de años. El problema radica es que de los demás solo conocemos lo que ellos nos muestran, o lo que podemos llegar a conocer por otras fuentes, las cuales con certeza pueden ser limitadas y/o sesgadas. 

El problema con dichas plataformas es producto de una clara trampa.  las personas son las que deciden voluntariamente qué mostrar

Es pretencioso decir que se conoce toda la vida de las otras personas, los humanos somos seres bastante complejos que nos desarrollamos paralelamente en múltiples áreas y no todas al mismo ritmo. Ciertamente podemos afirmar que nos equivocamos constantemente sobre el juicio a los demás, bien sea para bien o para mal.

Todos con quien interactuamos tienen problemas que los aquejan; algunos de ellos pertenecen a ese inaccesible reino de sus mentes, con cosas que seguramente jamás serán reveladas. Por lo anterior, es válido cuestionarse que si no podemos detectar fácilmente todo ese dolor ajeno, ¿Por qué pensar que el nuestro es fácilmente evidente?.

Debido a este  error de apreciación,  podemos llegar a sobredimensionar la importancia que otros le dan a nuestros defectos o problemas. El grano en la cara, la extrema flaqueza, la adicción al juego, esos problemas tan nuestros, a la hora de la verdad no son importantes para casi nadie, y eso es un alivio.  

Aunque hay personas abiertas a comentar sobre sus problemas a través  de las redes sociales, algunas abusando de este recurso inclusive. En ciertas plataformas lo que vemos es la parte buena de la vida de los otros. Ninguno de ellos está obligado a publicar sobre sus traumas de infancia, problemas de relación interpersonal, o aquella fea cicatriz producto de una cirugía. Es válido que las personas suban lo que quieran, pero acá es donde quiero enfatizar que nos debemos enfocar en nosotros mismos.  

La realidad es que nuestra vida no es tan importante para los demás, la gente usualmente está pensando en sus propios problemas a resolver, precisamente esos de los que no podemos conocer. Ahora bien, si aquello que nos aflige es de una manera visto o reconocido por otros, hay un remedio mejor: el olvido

El cerebro es una máquina funcional que necesita ahorrar energía, es decir, constantemente está en el proceso tanto de recordar como de olvidar. Nuestras memorias no son perfectas especialmente por este característica del cerebro. Guardar información  en la mente es un gasto de energía, por lo que el cerebro constantemente da prioridad a aquello que sea útil para nuestra existencia. 

Ahora bien, si aquello que nos aflige es de una manera visto o reconocido por otros, hay un remedio mejor: el olvido

Los budistas consideran que la vida es sufrimiento, el dolor es inherente a la existencia y tanto tú, como yo y como las demás personas tienen su dosis de sufrimiento.  La realidad nos enseña diariamente que hay muchas formas de causar daño y creo que muy pocos seres humanos han escapado de ello.

ludopatia
Cada ser humano tiene sus propias heridas.  Aquella sensación de que no valemos nada, es más compartida de lo que podemos suponer.

Si hay un grupo de personas a quienes absolutamente todo en la vida les salió bien, no queda más que esa persona sienta solo agradecimiento por su existencia. La mayoría de nosotros tenemos dolores y aflicciones, siendo esto parte de la experiencia humana de existir. 

Por lo anteriormente escrito, creo que podremos prescindir del recurso de compararnos constantemente. Por supuesto que será natural impactarnos con la belleza o éxito de los otros, y hasta puede ser normal sentir la leve envidia de aquellos que ganaron la lotería genética. Pero aquella sensación producto de la comparación no es tan importante como para ponerla como motor de nuestros comportamientos. 

En síntesis nuestra área de control de la vida de los otros es escasa. Por lo que lo importante es finalmente compararnos con nosotros mismos. Entendiendo los altos y bajos de la vida, el objetivo más allá de ser el mejor con tal de responder a ese impulso competitivo, es simplemente sentirnos más augustos con nuestra propia existencia.

Las comparaciones de este tipo no nos van ayudar si queremos tener una mejor autoestima y por ende una mejor calidad de vida. Así seamos presos del Schadenfreude y podamos querer que los otros sean tan “desgraciados” como nosotros mismos. Lo cierto es que ahí no tenemos poder, pero si podemos tener control de las acciones que puedan conducirnos como objetivo mayor hacer las paces con nosotros mismos.

Parte III

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