Los sesgos durante la pandemia

El estudio de los sesgos cognitivos ha sido una de las grandes influencias en mi pensamiento actual. Estos conocimientos me han servido para partir de una base:  A pesar de ser la mente humana una de las grandes obras de la naturaleza,  esta también tiene considerables errores de funcionamiento.

Diferentes pensadores en las últimas décadas han dedicado sus estudios a entender nuestros errores de fábrica. Desde un punto de vista neurobiológico, La mente humana nos ha dotado de ciertas habilidades cuyo principal objetivo ha sido la supervivencia o la reproducción. Por lo tanto, algunas de estas características naturales no son lo suficientemente útiles para poder analizar la realidad desde un punto de vista racional.

Básicamente aspectos como los conceptos de “idea”, “lógica” o “razón”, son productos de un trabajo conjunto que nos ha impulsado a ir más allá de los límites de nuestra propia mente. Pensar científica, racional o lógicamente son ideas artificiales, pero hemos sido testigos de su alcance (para bien y para mal). Un breve ejemplo es mencionar que la mente humana no está diseñada para poder ver los problemas desde una perspectiva de datos y conceptos; en cambio nuestros procesos mentales naturalmente optan por analizar la realidad desde lo emotivo.

Por lo tanto, algunas de estas características naturales no son lo suficientemente útiles para poder analizar la realidad desde un punto de vista racional.

La pandemia ha sido un escenario propicio para que muchos de estos sesgos o limites cognitivos empezarán a reflejarse en el comportamiento de las personas.  A pesar que hablar de conceptos como sesgos, heurística o límites mentales, puedan parecer inicialmente difíciles de entender. El objetivo es que a través de diversos ejemplos, mencionaré cómo ellos han intervenido en la percepción de la realidad y la toma de decisiones.

Heurística de la disponibilidad: 

El concepto lo mencioné en el texto sobre el coronavirus en Colombia. La heurística de la disponibilidad en el contexto del Covid-19, es una de las razones principales para el pánico general. Los humanos no somos buenos entendiendo la realidad desde los datos, lo que nos genera miedo no es necesariamente lo que es más peligroso para nosotros.

Heurística de la disponibilidad se refiere a una de las grandes trampas de nuestra mente para medir el riesgo. Los psicólogos se encuentran anualmente con miles de personas que manifiestan el miedo a montar un avión. La cantidad de consultas con respecto al miedo irracional de utilizar un automóvil son por mucho menores;  pero desde el punto de vista del riesgo real es ilógico que así sea.

Los accidentes de tránsito son una de las 10 principales causas de muerte en el mundo.  Por otro lado, el avión es el medio de transporte más seguro que los humanos hemos inventado. En ninguna moto, carro o autobús, vamos a estar más seguros estadísticamente hablando que dentro de un avión. ¿Por qué sucede eso?

Los humanos no hemos necesitado de las estadísticas para sobrevivir hasta ahora, la percepción del peligro que tenemos se da a partir de nuestra experiencia subjetiva. Por ejemplo si un amigo nos cuenta que fue víctima de un robo, automáticamente vamos a pensar que el riesgo a ser robado es mayor. Ese pensamiento se da inclusive con  estadísticas nacionales o internacionales que mencionen un descenso en los hurtos.

En estos momentos puedo mencionar con estadísticas que nuestra posibilidad de morir por tuberculosis es mayor que morir por un ataque terrorista. Ahora bien, las personas simplemente necesitarán una noticia lo suficientemente gráfica mostrando un ataque terrorista, para así alterar su percepción de lo que es peligroso.

  La cantidad de consultas con respecto al miedo irracional de utilizar un automóvil son por mucho menores;  pero desde el punto de vista del riesgo real es ilógico que así sea.

Un agente clave para entender nuestra percepción de lo amenazante son los medios masivos. La idea de las noticias es precisamente hablar de los sucesos extraordinarios. Por tal motivo  no vemos diariamente un conteo de personas que mueren por infartos, gripa, accidentes de tránsito o cáncer.  A pesar que estos sucesos son por lo que seguramente vamos a morir, el miedo a ellos no controlan nuestras principales decisiones como sociedad.

La percepción del riesgo se da especialmente gracias a la información que recibimos. Durante todos estos meses hemos estado bombardeados con actualización constante de contagiados y  muertes actualizándose cada minuto. Prácticamente las estadísticas sobre el coronavirus se llevaron toda la atención, pero durante este mismo tiempo personas  murieron de otros factores, que sumándose son mucho más que los muertos por covid-19.

Este hecho llevó a personas a sobrestimar su posibilidad de morir por coronavirus y fue uno de los detonantes del pánico que estamos viviendo como sociedad. El enfocarnos a través de los medios masivos en una sola causa de muerte, casi que nos hizo olvidar sobre otros factores mortales, aspecto que determinó las decisiones gubernamentales.

No importa quien seas, pero de algo te puedo asegurar tu posibilidad por morir de ataques cardíacos, cáncer o enfermedades respiratorias (como la tuberculosis que también es contagiosa)  es de lejos mayor que por morir de covid-19. En aras de sobrevivir es más importante evitar esa coca cola diaria que usar el tapabocas.

¿Qué pasaría si los medios de comunicación o los gobernantes se enfocarán en salvar vidas pero desde las enfermedades cardiovasculares?. Imaginemos los noticieros cubriendo su sección principal con todos los infartos que se dieron en un día. Detrás de ello, se empezaría a analizar las causas que llevó a esa personas a morir de ese infarto; descubriendo así la correlación con el sedentarismo, obesidad o soledad. Si tuvieramos  ese grado de obsesión con la principal causa de muerte en el mundo, las políticas públicas se convertirían al punto en que nos cuestionemos si es válido o no consumir comidas chatarras, bebidas azucaradas.

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Este libro es la obra cumbre al momento de entender nuestros fallos a la hora de razonar

También podemos hablar de la temporada de influenza. Anualmente este virus se cobra miles de vidas, pero el foco de la agenda pública no está sobre el número de contagiados y el número de muertes. Esto hace que no asociemos directamente a la influenza con la muerte, por el contrario sí lo hacemos con el covid-19. A pesar que el Sars-cov-2  es más mortal o contagioso que la gripa, ambos tienen un porcentaje de letalidad menor al 1%, además de que se transmiten de la misma manera.

Otro aspecto que resalta la influencia de la heurística de la disponibilidad con la pandemia se da a raíz de nuevas evidencias. Se ha ido encontrando que el sars-cov-2 estaba con nosotros desde un tiempo atrás de las fuentes oficiales. Se plantea que el virus llegó a francia en diciembre, un mes antes del primer contagiado oficial.  En Colombia se habla que llegó en febrero, por lo que no se descarta la posibilidad que pudo haber sido antes.

Pensemos un poco en lo que esto significa, más o menos el virus estuvo un mes andando libremente (estadios, conciertos, fiestas, contacto social normal) y la atención se seguía concentrando en lo que pasaba en China. Durante ese tiempo gente se contagió y murió de Covid-19 y no entraron en las estadísticas oficiales. Nuestras vidas en aquellos meses siguió normal, la razón era que la atención no estaba dirigida solo en la pandemia y nuestra percepción de peligro era muy diferente.

Aunque hemos salvado vidas a través de estas medidas de aislamiento social,  habría que considerar una pregunta de carácter ético. ¿Por qué no hacemos lo mismo siempre?, si el fin es salvar vidas, lo sensato podría ser pedir cuarentenas en temporada de gripa o influenza. Si lo hicieramos salvaríamos incontables vidas anualmente,  pero sucede que la percepción de peligro es  bastante mayor con el covid-19, a pesar de muchas de sus similitudes con otros virus respiratorios.

Sesgo de confirmación

El sesgo de confirmación es una de las armas más potentes para  ser engañados por nosotros mismos.  Su funcionamiento es muy sencillo, todos tenemos ideas preconcebidas que determinan nuestra forma de ver  la vida. Al exponernos a nueva información, nuestra mente prefiere enfocarse precisamente en lo que confirma nuestra visión del mundo. De esta manera inconscientemente ignoramos aquella información que pueda cuestionar nuestras propias creencias.

En el debate sobre el Covid-19 abundó precisamente este sesgo. En medio de las múltiples discusiones y decisiones que se han tomado durante estas semanas, en el ámbito académico, político y social tuvimos bastantes choques de ideas. Cuarentenas, uso de mascarillas, medidas autoritarias, sacrificio de la economía, entre otros fueron temas que se discutieron.

He de aceptar que este sesgo especialmente lo noté en mí. Dado mis tendencias liberales  estuve de acuerdo con la cuarentena en su primera etapa, pero después me pareció que las medidas fueron demasiado autoritarias. Durante toda esa discusión noté como asimilaba mucho más fácil la información que confirmaba mi punto de vista.

Al exponernos a nueva información, nuestra mente prefiere enfocarse precisamente en lo que confirma nuestra visión del mundo.

Cuando me encontraba con información que precisamente cuestionaba mis ideas, las analizaba de una manera más crítica. Es decir el filtro que le ponía a la información que confirmaba mi punto de vista era bastante débil,  honestamente no me interesaba en cuestionarlo. Mientras tanto, mi rigor era mayor con aquello que contradecía mis pensamientos, analizando aspectos metodológicos que no me interesaban verificar cuando mi visión del mundo era alimentada.

Me fui dando cuenta de esta tendencia cuando noté que estaba formandome un punto de vista más radical. Esto me llevó precisamente a analizar las ideas contrarias desde una visión más abierta, lo que me fue eliminado el radicalismo. Dado que no soy ningún ser especial, estoy seguro que quienes han estado involucrados en estos debates también habrán tenido estos episodios.  Yo solamente tuve la suerte de poder detectar estos errores de razonamiento y estoy seguro que mucha gente también lo hizo; pero no estoy seguro si quienes adquirimos consciencia de este sesgo fuimos minoría.

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Ley de los grandes números

En su obra “Las ventajas del deseo” Dan Ariely toma una parte del libro  para analizar un aspecto curioso del ser humano. La frase “una muerte es una tragedia y mil son estadística” parece tener mucha razón en la forma que las personas percibimos la realidad.

Nuestra mente no está hecha para entender grandes cantidades de números. Podemos crear en nuestra mente la imagen de una, dos o tres personas. Pero conforme el número crece más difícil se nos hace hacer una representación mental de por ejemplo 1 millon 600 mil personas. Más difícil aún se nos hace imaginarnos mentalmente la diferencia entre 1 millon 600 mil personas y 1 millon 900 mil.

Los grandes números no nos impresionan tanto. Al empatizar con el sufrimiento ajeno, los humanos preferimos que nos muestren un nombre y rostro propio. Por esto es que la frase “6 millones de judíos murieron en campos de concentración” no nos mueve tanto como por ejemplo leer “El hombres en busca de sentido” de Frankl. 

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La portada de NY Times el 24 de mayo entendió nuestra poca capacidad de ver los números en bruto. En vez de dar el número por sí sólo, y en aras de despertar sensibilidad se dedico un leve espacio a dar nombres, edad y algunas pequeñas frases sobre los fallecidos. Esto permitió a los lectores poder identificarse con aquellos que murieron.

Recuerdo  cuando ocurrió la primera muerte del Covid-19 en Colombia, ahí se nos presentó con nombre y rostro propio. Conforme fue pasando los días y el número siguió aumentando al parecer la sensibilidad bajó  y esto es una de las razones que pueda explicar la desobediencia de las personas.

Los grandes números no nos impresionan tanto. Al empatizar con el sufrimiento ajeno, los humanos preferimos que nos muestren un nombre y rostro propio.

Anteriormente habíamos hablado cómo la heurística de la disponibilidad nos hizo calcular erróneamente nuestro riesgo de morir de Covid-19. Esto fue una de las causas del pánico que llevó a tomar algunas decisiones cuestionables. Pero la otra cara de la moneda, la que puede llevarnos a cuestionar el distanciamiento social; es precisamente nuestra poca capacidad para asimilar grandes números.

Hasta la fecha más de 400 mil personas han muerto de Covid-19 alrededor del mundo, una cifra bastante alta. Pero mientras ese número va a seguir en aumento, contra-intuitivamente las personas vamos buscando volver a la normalidad. Una de las razones que explica esto se da a través del famoso número Dunbar.

Según el antropólogo Robín Dunbar, los humanos dentro de una sociedad establecemos lazos importantes con un relativamente pequeño número de personas. En términos simples, el número de individuos que realmente nos importa es bastante poco.  La idea más extendida es que individualmente tenemos un grupo de 150 personas, con quienes establecemos nuestras relaciones más importantes.

El número puede variar, pueden ser muchos menos, pero es difícil que sean muchos más. Mientras la pandemia continua y ya arrastre medio millón de muertos, lo cierto es que un mundo de 7 mil millones de personas, la gran mayoría no ha sufrido una perdida significativa por causa del Covid-19.

Pero la otra cara de la moneda, la que puede llevarnos a cuestionar el distanciamiento social; es precisamente nuestra poca capacidad para asimilar grandes números.

Dado que la restricción a las libertades si nos afecta directamente a todos, pero las fallecidos por Covid-19 sean relativamente pocos comparado con la totalidad de la humanidad. Lo normal es que las personas quienes en su mayoría no van a ver a algún ser que les importe morir, empezarán a regresar a la normalidad.

Así como 18 millones de muertos anuales por enfermedades cardíacas, no cambian nuestra relación con la comida chatarra. Las 10  millones de muertes anuales de cáncer no cambia nuestros hábitos dañinos, el millón 200 mil  muertos por accidente de transito no nos hace evitar los automóviles. Así mismo, los cientos de miles de muerto por Covid-19 no nos sensibilizarán tanto como para querer continuar ciertas medidas.

Recordemos que a las personas nos interesa principalmente nuestra propia existencia y la gente a nuestro alrededor.  Teniendo en cuenta que mucha más gente está siendo afectada por la crisis económica que por la enfermedad, al parecer será cuestión de tiempo para que empiece una presión hacia la normalidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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