Ser un fracasado felíz

El fracasado es el sujeto cuestionado bajo los parámetros de los valores capitalistas. Lo cierto es que la idea de éxito es muy lejana para la mayoría, buscarlo no es el deber de todos. El aprecio a la vida puede darse desde el fracaso, especialmente si nos convertimos en un fracasado feliz.

Para empezar me declaro defensor del individualismo, en diversos sentidos creo que esta postura tiene razón. En un próximo texto explicaré de manera más detallada mi punto de vista sobre ello, por ahora solo daré algunas ideas generales con las cuales estoy de acuerdo:

1-  Soy escéptico de cualquier sueño de sociedad colectivista.  El colectivismo tiene el poder de despreciar al individuo, en especial si éste no  se acomoda a los designios de la “tribu”.

2–  Considero que el individuo mismo tiene que darle sentido a su propia existencia. No creo que tengamos que cumplir con un rol o un papel establecido dentro de una sociedad. La libre búsqueda de este propósito lo considero un valor fundamental que puede chocar con las ideas colectivistas. 

3 – Como defensor de la corriente humanista, creo que las sociedades fundamentadas en el individuo se acercan  más al tipo de sociedad que considero idónea. Hablo de aquella donde se busque el bienestar de los sujetos; siendo esto más importante que la gloria de un ente abstracto como lo es la patria, raza,  partido o  religión.  

4- Veo en el tribalismo una de las causas de nuestras acciones más problemáticas. El individualismo busca precisamente liberarnos de las  nefastas consecuencias de un cuestionable sentido de pertenencia. 

Por otro lado, también considero que las personas debemos ser los críticos número 1 de lo que creemos y defendemos. Con el objetivo de eliminar los dogmas, la libertad mental se alcanza únicamente al cuestionar nuestras más profundas ideas, de esta manera hacemos un esfuerzo para no ser prisioneros de nuestros propios pensamientos.

El individualismo ha traído para el sujeto la necesidad de buscarle su propio sentido a la existencia, aspecto que he de aceptar que es difícil. En un mundo secular como podríamos llamar a las principales sociedades occidentales, el sentido de trascendencia se ha modificado. En algunas creencias, la trascendencia se alcanzaba a través de un camino espiritual, hoy tenemos el éxito personal.

Mark-Zuckerberg-Getty
Mark Zuckerberg como paradigma del éxito. Una persona que crea un servicio útil para la sociedad, se vuelve multimillonario con menos de 30 años.

 

Con un dios muerto en palabras de Nietzsche, el sujeto de esta generación ha buscado su sentido de superación a través de los valores del capitalismo. Esto por supuesto ha traído a nuestra conciencia colectiva dos conceptos que claramente afectan nuestra relación con el mundo: el éxito y el fracaso.

Con el objetivo de eliminar los dogmas, la libertad mental se alcanza únicamente al cuestionar nuestras más profundas ideas, de esta manera hacemos un esfuerzo para no ser prisioneros de nuestros propios pensamientos.

Detrás de ambos conceptos se pueden interpretar un poco las ansiedades de una considerable parte de los ciudadanos del siglo XXI. El capitalismo está para darnos el sentido de transcendencia con una vida llena de lujos y estatus; pero  para lograrlo debemos pertenecer al bando de “los exitosos”.

Aunque el concepto de éxito desde lo económico ha sido bastante cuestionado, todavía es un imperativo a la hora de evaluar nuestras vidas.  Pero hay un problema detrás de este paraíso terrenal: ser fracasado es lo normal. Aplicando el concepto a la totalidad de la población, nos encontraremos con el escenario donde la gran mayoría no pudo reunir los requisitos para ser considerado exitoso.

El fracaso es  lo normal, porque la vida está más llena de intentos fallidos que de objetivos logrados. Para esto último influyen muchos factores como la suerte u otros que ya han sido estudiados como lo mencioné en otro texto. El mundo no está diseñado para que todos sean exitosos, más bien está compuesto por millones de intentos que no han dado resultado.

Utilizar el éxito como el parámetro para juzgar nuestra experiencia en este mundo, pone una negativa presión sobre los sujetos. Al encontrarse la gran mayoría de las personas en el espectro de los “fracasados”, hace necesario valorar otras formas de ser en este mundo. La idea del éxito como un medidor absoluto de la vida queda corta, porque la misma existencia se desenvuelve en diversos terrenos.

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Podemos cuestionar relacionar el fracaso a la tristeza.  Exitosos también han estado dominados por la desolación

Podemos llegar a lograr cierto reconocimiento en nuestra área de trabajo, pero en el terreno de las relaciones emocionales fracasar. Podemos haber logrado esos objetivos económicos, pero en el fondo tenemos la herida de no haber sido lo que queríamos cuando eramos niños. La vida se desenvuelve en tantas áreas que es casi imposible ser ganar en todas y cada una de ellas.

Aplicando el concepto a la totalidad de la población, nos encontraremos con el escenario donde la gran mayoría no pudo reunir los requisitos para ser considerado exitoso.

Lo más probable es que fracasemos en la vida y debemos estar preparados para ello.  Pero eso no significa que no podamos ser felices,  todos tenemos derecho a serlo; sin importar el hecho de habernos decepcionado de nosotros. Para liberarnos de la ansiedad del miedo al fracaso, no solo es necesario evocar a que el éxito no es la felicidad. Sino también recordar lo infinitamente pequeño que somos.   

Recordemos que los conceptos de éxito/fracaso son uno más de los múltiples intentos que hemos tenido, para intentar dotar de un sentido a nuestra existencia. La búsqueda del éxito le ha dado la oportunidad a incontables personas de impactar positivamente al resto de la especie.  Pero éste no deja de ser un discurso más para tratar de consolar a una especie, la cual se encuentra girando en un punto azul en el espacio y cuya existencia individual va a quedar en el olvido.

En el olvido está la liberación, la mayoría de las personas que vamos a pasar por este mundo seremos olvidados en pocas décadas. Algunos tardarán más tiempo, pero llegará un momento  en que su nombre sea pronunciado por última vez, sin importar qué tan exitoso fue. El poema de Ozymandias es precisamente un recuerdo de lo efímero que puede llegar a ser la grandeza dentro de la memoria:

Conocí a un viajero de una tierra antigua
quien dijo: «dos enormes piernas pétreas, sin su tronco
se yerguen en el desierto. A su lado, en la arena,
semihundido, yace un rostro hecho pedazos, cuyo ceño
y mueca en la boca, y desdén de frío dominio,
cuentan que su escultor comprendió bien esas pasiones
las cuales aún sobreviven, grabadas en estos inertes objetos,
a las manos que las tallaron y al corazón que las alimentó.
Y en el pedestal se leen estas palabras:
“Mi nombre es Ozymandias, rey de reyes:
¡Contemplad mis obras, poderosos, y desesperad!”
Nada queda a su lado. Alrededor de la decadencia
de estas colosales ruinas, infinitas y desnudas
se extienden, a lo lejos, las solitarias y llanas arenas»

El absurdo, el sin-sentido, este entendimiento de lo diminuto, además de ser abrumador también es la llave para nuestra liberación. Ningún ser humano tiene la obligación de ser exitoso, tiene el derecho a buscarlo, pero hemos de asumir que solo con buscar el éxito no va a  ser  suficiente para alcanzarlo.

El filosofo sur coreano Byung-Chul Han precisamente cuestionaba esta convicción que hemos construido sobre la vida como un proyecto a realizar. La vida es una oportunidad fantástica, pero no tenemos la necesidad de alcanzar ciertos objetivos para poder disfrutar  de esta mezcla entre conciencia y tiempo.

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Byung-Chul Han 

“El medio más seguro para no llegar a ser muy infeliz es no pretender ser muy feliz” Schopenhauer

Haciendo un juego de palabras con el pensamiento de Schopenhauer, podemos decir que el medio más seguro para no ser fracasado es no pretender ser muy feliz. Por otro lado también, puedo ofrecer algunos consejos para ser un fracasado feliz:

1 – Tener un propósito, asumiendo con toda honestidad que posiblemente fracasemos en función de lograrlo. Una vez superado el miedo al fracaso, ese propósito puede ser el que nos guíe en el viaje de la vida, recorriendo caminos que no hubiéramos conocido de no ser porque decidimos embarcarnos.

2-  Abrazar el absurdo de la existencia, saber que al final de los tiempos los más exitosos van a terminar en el mismo lugar que los fracasados. Así como cualquier otro tipo de sistema de creencias, el mundo no se divide entre un bando o el otro; nuestro final es el mismo.

3- Al entender el poder del olvido podemos darnos la libertad de intentar lo que queramos en la vida. Esto no con el fin de lograr una promesa de éxito que quizás no se alcance. Más bien en pro de aprovechar este limitado tiempo que tenemos, para disfrutar del aprendizaje de lo que despierta nuestra pasión.

4- La felicidad no se alcanza a través de llenar una lista de objetivos, podemos marcarlos todos y seguir siendo vacíos. La felicidad va más relacionada con la gratitud, esta que nos permite identificar y disfrutar de lo que tenemos en el aquí y el ahora. Centrarnos únicamente en lo que no tenemos, nos hará imposible disfrutar de eso que poseemos hoy,  algo que tarde o temprano perderemos para siempre.

5- El fracasado feliz va a seguir intentando lograr sus objetivos, pero eso no significa que valore su vida con base a lo que alcanza. La valoración de la vida viene precisamente del aprecio de ese tiempo que va y no regresa, de ese eterno presente que algún día no tendrá futuro.

 

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