Todos somos éticamente cuestionables

El concepto de  cultura de la cancelación, idea protagonista en algunas acciones de los manifestantes en Estados Unidos y otros lugares del mundo;  me ha llevado a recordar la idea de “pureza.” Este texto no hablará sobre el fenómeno de las protestas  o el derribo de estatuas. En cambio, lo que me motiva a escribir este articulo es cuestionar esta idea de lo puro, a través de algo que creo que no debemos olvidar: todos somos éticamente cuestionables .

La idea de pureza desde un punto de vista ético, nos habla de algo que no está mancillado. Nos referimos entonces a una persona que no tiene mancha, que es puro, con todas sus acciones y pensamientos en el bando correcto. De cierto modo, esto se erige como un ideal del ser y las personas nos solemos engañar creyendo que actuamos de esta manera.

El problema es que esta concepción de pureza no representa nuestra realidad como individuos, esto se cuestiona a partir de repensar que los humanos somos esencialmente malos o buenos. Las exigencias sociales con respecto a un ideal de persona siempre van a estar ahí, pero en medio de ello no sobra recordar nuestra imperfecta naturaleza. Por citar un ejemplo, el cristianismo es una religión que parte de una premisa sobre la condición humana: todos somos pecadores.

Por supuesto la pureza no es un concepto que únicamente se da en sociedades occidentales. El historiador Yuval Noah Harari en su obra Homo Deus, nos presenta la idea de “realidad intersubjetiva”. La realidad intersubjetiva es aquella que no es tangible o materialmente real, pero que le da sentido a nuestros proyectos conjuntos. Podemos tomar la idea de nación: objetivamente hablando no hay algo que sea un país, tenemos un territorio arbitrario, ciertas instituciones, algunos símbolos, entre otros. No existe tal cosa como Argentina, Colombia o Somalia, son construcciones temporales sobre ciertos ejes que  dan un sentido de pertenencia con un territorio.

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Yuval Noah Harari, autor entre otros de “Homo deus”

Del mismo modo, dentro de esa realidad intersubjetiva creamos leyes o códigos morales sobre nuestros comportamientos. Una buena parte del trabajo civilizador de la especie se ha centrado en determinar cuales son los actos permitidos o no en sociedad. Este reto no es fácil, porque nuestra mente vino configurada por miles de años a lo que podemos llamar estado natural. Por ejemplo, la violencia es un mecanismo que está presente en casi todos los mamíferos, los humanos llevamos unos cuantos siglos intentando prescindir de ella a la hora de resolver conflictos importantes.

Este es el primer problema con la idea de pureza; el comportamiento ideal de un ser humano dentro de la sociedad es bastante relativo. Para una sociedad donde uno de los valores supremos sea el honor, se da pie a permitir ideas éticas como: el ojo por ojo y diente por diente. Nuestra visión sobre lo que es ser “bueno” o “malo” es básicamente producto dentro de nuestro contexto; tanto en tiempo como en espacio.  La moralidad ha sido una búsqueda humana, pero con infinitas versiones. 

¿Somos los humanos naturalmente buenos o malos? …  La respuesta comienza a través de introducir un concepto “La tabula rasa”.   Esta idea contempla que la mente de los seres humanos es algo que está totalmente vació y que su comportamiento futuro era producto exclusivo de su entorno social. Este tipo de pensamiento por ejemplo da explicaciones basadas en construcciones sociales a conductas como: violación, asesinato, genocidio, corrupción, etc.  

Al igual que los demás animales, los humanos tenemos aspectos que son productos de nuestra propia biología. También hemos evolucionado millones de años, creando información almacenada en el ADN que se va heredando y determina mucho de nuestros comportamientos. Algunas de esas adaptaciones que nos han permitido sobrevivir no son necesariamente éticamente buenas; de un modo u otro estamos listos para ser egoístas, violentos, desleales, si las circunstancias lo requieren. 

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La tabla rasa es una obra de Steven Pinker donde presenta evidencia de la naturaleza humana 

Los humanos no somos solamente un producto cultural, venimos también con un equipo mental listo para poder pelear, ser bondadoso, huir, buscar alimentación o encontrar con quien reproducirse. Estos básicos instintos están detrás de bastantes de nuestros actos,  por lo que podemos esperar que según las circunstancias los humanos nos podemos comportar de manera bondadosa, indiferente, malévola o egoísta.

El rol de lo social más allá de ser la causa única de nuestras peores o mejores acciones, es principalmente incentivar o desincentivar. Es esperable que las personas sean más agresivas en un entorno con poca alimentación, del mismo modo nos esperamos sociedades más pacíficas cuando todas las necesidades están cubiertas en la mayoría o totalidad de la población.

Nuestra visión sobre lo que es ser “bueno” o “malo” es básicamente producto dentro de nuestro contexto; tanto en tiempo como en espacio. La moral ha sido una búsqueda humana, pero con diferentes versiones

De este modo  todos hemos actuado alguna vez  guiados por nuestro propio egoísmo,  y en el paso hemos afectado a otros. A esas personas a las cuales hemos podido afectar, tendrán los suficientes argumentos para dudar de nuestro proceder ético.  Ahora bien, nuestro potencial para poder hacer cosas que moralmente no sean bien vistas no es la principal razón por la cual creo que todos somos éticamente cuestionables. La razón principal es que no todos los humanos tenemos los mismos valores y mucho menos  la misma escala de valores.

Por increíble que parezca, a veces nuestros conflictos no se dan por tener valores diferentes, se da porque los tenemos en diferente orden de prioridad. Yo puedo estar de acuerdo con alguien que tanto la libertad como la seguridad son dos valores importantes para la sociedad.  La diferencia puede ser que para la otra persona la seguridad sea más importante, por lo que le parecerá válido restringir libertades en orden de obtener lo que considera más importante.

Por mi parte considero que la libertad es primordial y debe tratar de sacrificarse lo menos posible en nombre de la seguridad. El hecho de poner un valor por encima del otro, conlleva a una serie de diferentes puntos de vista, en especial sobre el terreno de lo práctico. Algunos estarán de acuerdo que usen todos nuestros datos para capturar ladrones, otros dirán que no se puede entregar nuestra información personal al estado porque violan el derecho a la privacidad.

Hollande
Caricatura sobre la dicotomía del ex presidente francés sobre la seguridad y libertad

Estas diferencias en  sobre lo que consideramos un modelo de sociedad ideal puede incluso tener orígenes en la genética.  Por lo tanto, estamos hablando que nuestras diferencias se dan en un terreno en el cual ni siquiera a partir de la razón podamos llegar a un acuerdo total; simplemente venimos programados de modo diferente.

Si le sumamos a esta predisposición biológica nuestros entornos culturales, las experiencias de infancia, nuestra relación con el mundo, entre otros. Nos encontraremos  con personas que prácticamente van a pensar muy diferente que nosotros en ciertos puntos que consideraremos fundamentales.

Para las personas que les gusta cuestionarse a sí mismas, vendrá una pregunta bastante incómoda: si nuestro modo de pensar es tan altamente influenciado por asuntos que van más allá de nuestro alcance (genes, entorno, familia), ¿qué nos hace pensar que nuestros valores son más importante que los de otros?  

  Por lo tanto, estamos hablando que nuestras diferencias se dan en un terreno en el cual ni siquiera a partir de la razón podamos llegar a un acuerdo total; simplemente venimos programados de modo diferente

 

 

La pregunta anterior también nos puede llevar a pensar que personas bondadosas, inteligentes y razonables van a encontrar en algunas de nuestras ideas o comportamientos algo moralmente cuestionable.  A los humanos siempre nos encantará sentirnos que estamos del lado correcto de la historia o de la razón, pero es un deseo que a veces ha traído más problemas que soluciones.

Asumir que somos éticamente cuestionables, es también entender que personas a las que consideramos como seres inmorales, son sujetos que tiene un mayor estándar moral en otros aspectos sobre nosotros. Puedes ser un gran defensor de los derechos humanos y maltratar a tu madre de modo cruel, puedes ser la personas más caritativa en la iglesia pero ser profundamente racista.

La idea que tenemos diferencias naturales en nuestro modelo de pensar la vida, implica también que no podemos ser tan ingenuos de pensar, que de tantas posibilidades y tantos puntos de vista que podemos formar, siempre vamos a estar en el lado correcto. Incluso aquella persona que ha cometido daño consciente a otro, pueda tener ideas  el aspecto ético que sea mejor que la nuestra, y eso no está mal.

 

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