La belleza de los días normales

¿Anhelas días extraordinarios y que te sucedan grandes cosas?, no sobra recordar que también vale la pena apreciar los días normales

La nueva normalidad ha llegado con sus nuevas rutinas; mientras nos adaptamos a un estilo de vida diferente, no sobra recordar que estamos pasando por tiempos extraordinarios. No sobra porque la mente humana tiene una estudiada capacidad de adaptación, lo que le permite normalizar hasta las más anormales condiciones. En ese orden de ideas, quisiera reflexionar un poco sobre ese extraño deseo humano por el hambre de días extraordinarios.

Quejarnos de la rutina es una actividad bastante normal en nosotros, tal como planteó hace poco más de un par de siglos Arthur Schopenhauer, el ser humano pasa sus días en medio del tedio y la necesidad. Hacemos esfuerzos inimaginables en conseguir cosas que al cabo de unas pocas semanas ya no encontramos fascinantes. También alteramos nuestros estilos de vida de tal modo que cambian, pero al final también son objeto de quejas. Todo esto nos recuerda al popular refrán: “Cuidado con lo que quieres porque algún día lo puedes tener”.

Hemos de aceptar que la vida promedio de un ciudadano en un país occidental no es un jardín del edén. El hecho de levantarse temprano e ir a trabajar para el enriquecimiento ajeno, seguir una rutina y añorar unas cuantas horas de descanso; son experiencias compartidas que podemos criticar. En uno de los puntos en los cuales Karl Marx tenía razón, era cuando hacía un diagnostico sobre la condición del trabajo en la época industrial; algunos de dichos pensamientos son aplicables hoy.

Hacemos esfuerzos inimaginables en conseguir cosas que al cabo de unas pocas semanas ya no encontramos fascinantes.

La mayoría de nuestros empleos siguen el patrón de la división del trabajo propuesta por Adam Smith. Esto sin duda hace la economía más efectiva y en términos generales es mejor para la población como conjunto. El problema radica en que esto crea una serie de empleos donde las personas pasan horas de su vida ejecutando tareas a las que no les encuentran sentido. Movimientos rutinarios y acciones que se repiten día a día para poder simplemente seguir pagando las cuentas.

De cierto modo, los humanos fantaseamos con cosas extraordinarias, muchos seguramente nos hemos imaginado de lo qué haríamos si ganábamos la lotería. Otros se imaginan mundos diferentes por los cuales luchar, y también hay quienes añoran aquella llamada o mensaje que le dé giro a nuestra cotidianidad. Todo esto es normal, es solo nuestro deseo por la novedad, inclusive nuestra tendencia al tedio es algo que nos ha permitido explotar nuestra innovación en incontables terrenos.

Arthur Schopenhauer y su definición de la condición humana entre el tedio y la necesidad

Pero todo esconde una trampa; recordemos que no debemos pensar en la vida como un agente justo, porque simplemente no lo es. Los designios de la existencia son capaces de recompensar a personas que cometieron daños a otros, mientras que condena con una enfermedad terminal a un niño recién nacido en un país pobre. Por lo tanto, esperar que la vida nos traiga cosas extraordinarias es arriesgarnos a pedir que la vida nos sorprenda para mal.

El ejemplo de lo vivido con los confinamientos del 2020 es una prueba de ello; todos fuimos sorprendidos con una avalancha de cambios y una crisis de la cual todavía estamos esperando más consecuencias. Desde ahora les puedo asegurar que ustedes tendrán días extraordinarios, más no les puedo asegurar que será del modo que ustedes lo deseen. Es necesario recordar que la tragedia es inminente:

Alguna vez escribí sobre la nostalgia y sus trampas, ahí mencioné un poco cómo la mente humana hace registro de la vida. La idea central es que la mente es tan modificable que es capaz de cambiar y olvidar detalles con tal de compensar un relato que nos dé sentido. Tal como mencioné ahí, el tiempo presente de algún modo puede ser recordado con cierto grado de añoranza.

Curiosamente de las cosas que más podemos recordar de nuestro cotidiano y rutinario presente, sean aquellas pequeñas que damos sentadas, pero olvidamos que un día se irán. Hemos de asumir que todo va a cambiar, inclusive nuestras propias cotidianidades. Por lo que en algún momento el siempre aburrido presente se convertirá en un maquillado pero más emocionante pasado.

La meditación es una gran herramienta precisamente para traernos al aquí y el ahora. Mi recomendación con este texto es que simplemente aprendamos a valorar los días normales. Encontrar la belleza en una cotidianidad que nos puede parecer aburrida, es un paso para el ejercicio de la gratitud; el cual está muy relacionado con la felicidad.

Por lo que en algún momento el siempre aburrido presente se convertirá en un maquillado pero más emocionante pasado.

Disfrutar de la ruta que tenemos al trabajo (en algún momento va a ser diferente), saludar las mismas personas (algún día se irán) o los platillos que comemos cotidianamente (no sabemos cuando nos empiece a hacer daño). Todo este tipo de agradecimientos con respecto a la vida sirven para nuestra bienestar; a pesar que la misma vida no tiene obligaciones con nuestras necesidades emocionales.

Contemplar la belleza de los días normales, es básicamente agradecer por lo que serán la mayoría de días en nuestra existencia. El hecho es apreciar aquellas jornadas donde nada pasó, donde no hubo un gran recuerdo para la posteridad o que simplemente quisimos desperdiciar. Como diría el pensador Alan Watts, el sentido de la vida es estar vivo. Apreciar los días normales es valorar que todavía puedes vivir; y no hay fantasía ni futuro imaginado que sea mejor que ello.

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