La China de Xi Jinping

A finales del año pasado hubo una discusión con respecto a cuando se acababa una década. Fue curioso observar cómo la gente defendía con vehemencia que el fin era en los años terminados en 9, mientras otros abogaban por los años terminados en 0. Personalmente tomé partido a favor de los años terminados en 0 y este hecho me inspiró para el siguiente trabajo. Dado que soy amante de la historia, he decidido escribir sobre los 10 hechos que considero son los más importantes de esta década alrededor del mundo. Hoy comenzaremos con la China de Xi Jinping.

China es un gigante en todo el sentido de la palabra. Su territorio es el tercero más grande del mundo, y además es la nación con mayor población (aunque se prevé que la India lo superará al final de la presente década). Además tiene una cultura milenaria, siendo fácilmente uno de los procesos de civilización más antiguos del mundo. China ha estado presente a través de los siglos en la historia humana, su influencia ha tenido altos y bajos pero su nombre ahí está.

En medio de algunas fallidas dinastías su importancia fue cayendo en los recientes siglos. Su poder se fue disipando al punto que la Inglaterra victoriana logró ingresar a su inmenso país, tomando consigo diversos territorios como Shanghai o Hong Kong. Es curioso pensar que un territorio tan pequeño como las islas británicas, fuese capaz de doblegar a un imperio como el chino, pero la historia fue así.

 A medida que China perdía influencia, las sociedades occidentales fueron tomando la vanguardia de los procesos más importantes. Inclusive, a mediados y finales del siglo XX Japón fue el protagonista asiático, convirtiéndose en un imperio económico y tecnológico.  Durante esos años, China todavía observaba con añoranza aquel pasado que los convirtió en gran protagonista de la historia. El siglo XX vio como esta nación se enfrentó a una variedad de sucesos, que marcaron el camino para que China volviera a tomar esa añorada importancia mundial.

Guerreros de Terracota

Probablemente el proceso más importante que vio el gigante asiático durante el pasado siglo fue su guerra civil. Las facciones enfrentadas fueron los comunistas y los nacionalistas; donde finalmente los ganadores fueron los primeros, ubicando de esta a manera a Mao Zedong en el poder. Grandes reformas en el ámbito económico y cultural se vivieron en los años de Mao. La homogenización de su diversa sociedad y los fracasos de sus reformas económicas destacan entre ellos.

El siglo XX vio como esta nación se enfrentó a una variedad de sucesos, que marcaron el camino para que China volviera a tomar esa añorada importancia mundial.

La economía planificada por el estado demostró que no era sostenible, en especial si China se comparaba con un Japón que no paraba de crecer. Después de la muerte de Mao Zedong (1976), llegó Deng Xiaoping quien fue el ideológo de una serie de reformas. Entre ellas destacan la apertura económica y la adopción de ideas como el libre mercado, la cuales con el paso de los años permitieron observar el milagro chino.  

El crecimiento económico empezó a dispararse en los años noventa, el siglo XXI dio la bienvenida a una china con crecimientos del 10%, 11% o 13% anuales. El modelo chino es bastante particular en materia de economía, aunque dio paso a una apertura que permitió a incontables personas volverse millonarias, también hay una fuerte presencia estatal. El estado coordina parte del sector económico, dando pie a un modelo que algunos llaman “capitalismo de estado”.

Deng Xiaoping y Jimmy Carter

Finalmente, el crecimiento económico condujo al aumento constante de la clase media, el acceso a más recursos y al indudable mejoramiento del nivel de vida de los chinos. Ante este milagro económico que representa la mayor migración de la pobreza absoluta hacia un nivel de vida de clase media, China empezó a sentirse poderoso de nuevo. Ahora bien, ese capital económico debía convertirse en capital político y ahí es donde aparece Xi Jinping.

Xi Jinping llega al poder en 2012 como secretario general del partido comunista, un año después sería elegido presidente. Recordemos que en China la elección del presidente proviene únicamente del partido, por lo que no se tuvo que enfrentar a elecciones populares. Su victoria dio pie a la serie de ambiciosos proyectos que buscaban ubicar a China en un espacio geopolítico dominante.

Ante este milagro económico que representa la mayor migración de la pobreza absoluta hacia un nivel de vida de clase media, China empezó a sentirse poderoso de nuevo.

La China de Xi Jinping tiene diferentes proyectos a nivel mundial; los objetivos vienen en materia económica, geopolítica e incluso se busca que la nación sea referente mundial para la crisis climática. Ante esta búsqueda de grandeza colectiva, el presidente hizo popular el slogan de “el sueño Chino

Este concepto es interesante en la medida que compite con la idea de el “sueño americano”. La principal diferencia radica que mientras los estadounidenses venden la idea del éxito individual, los chinos defienden unos valores colectivos. En Estados Unidos se promete riqueza y grandeza para el individuo a través del mérito y trabajo, en China se busca una sociedad donde a todos les vaya bien, siempre y cuando haya una subordinación al poder central.

Como podemos observar ambas ideas requieren ciertos sacrificios y se puede proponer que están correlacionadas con un tipo de pensamiento. El confucianismo por ejemplo ha perdurado en la memoria colectiva de los chinos como un esquema de organización y subordinación. Por otro lado, el sueño americano tiene la clara influencia de las ideas de “libertad” tal como la propuso pensar John Locke.

Sin las ideas de confucio la organización de la China como sociedad sería muy diferente

Los planes de Xi Jinping por supuesto han fortalecido al nacionalismo. Esto no es un detalle menor, ya que desde la toma del poder por los comunistas, en China se pensaba en que lo importante era la revolución y no la nación. El actual proyecto nacionalista trae consigo una expansión de su influencia en el mundo y hay dos aspectos que resaltan en ello: el Belt and road y el desarrollo de la tecnología china.

Belt and Road o la nueva ruta de la seda, es un macroproyecto que busca ayudar económicamente a países con cuantiosas inversiones en infraestructura. Este tipo de obras aumenta el empleo en dichos países y les permite una conexión mayor con el gigante asíatico, especialmente desde el comercio de su tecnología.

China se beneficia de estos proyectos a través de las concesiones, impuestos y la influencia política en los países donde se ejecutan estos trabajos.  Los tentáculos de este proyecto se vislumbran especialmente en África; China juega un rol clave en el crecimiento que tienen los países africanos en esta década y seguramente seguirá siendo muy importante en los años venideros.  


Hay quienes catalogan al Belt and Road como una especie de colonización. A pesar de algunas críticas, el proyecto se sigue expandiendo en el mundo y ya se han efectuado trabajos en regiones como latinoamérica, especialmente en Ecuador y Venezuela. Vale la pena añadir que China tiene un proyecto similar pero esta vez en los mares; a este se le conoce como el Collar de perlas.

El crecimiento económico ha llevado a que el número de chinos entre los personajes más ricos del mundo vaya en aumento. Aparecen cada vez más nombres no occidentales en revistas como Forbes y ciudades como Hong Kong alberga a varios de estos billonarios. Una razón que explica este fenómeno ha sido el trabajo relacionado con la tecnología. Empresas como Alibaba dirigida por Jack Ma, Huawei, Xiaomi o Tik Tok ha generado incomodidad en potencias occidentales debido a su rápido crecimiento y consolidación. Por supuesto que este panorama ha sido una obsesión para Donald Trump, quien ha impulsado la guerra comercial contra China.

en China se busca una sociedad donde a todos les vaya bien, siempre y cuando haya una subordinación al poder central

Sumado a lo anterior, China también tiene negocios con la tecnología 5G, donde Huawei se ha encargado de poner estas torres en diversas partes del planeta. El 5G es el futuro cercano del internet y Xi Jinping entiende que deben estar listos para oficiar como lideres en esta materia. Otro factor muy importante es la carrera espacial, China recientemente llegó a la Luna creando una base en el lado oculto; el objetivo es recolectar minerales y otro tipo de materiales.

Todos los factores mencionados sumados con tantos otros que no alcanzaron a ser incluidos, son una muestra que China quiere ser la superpotencia. La guerra comercial con los Estados Unidos de Trump busca también cortarle alas a una nación que cada vez se consolida más en su hegemonía. Claramente desde el sector nacionalista americano, China se ve como un enemigo bastante poderoso, más si tenemos en cuenta que la deuda pública de Estados Unidos tiene en los chinos uno de sus mayores compradores.  

China por supuesto que tiene algunos asuntos incómodos. La relación con los territorios de El Tibet, Hong Kong o Taiwan, son bastante conflictivas y al parecer no se resolverán en el corto plazo. La autonomía de estos territorios es el principal problema y en ese orden China no ha estado muy interesada en aquello de la autodeterminiación de los pueblos. Por el otro lado, hay conflictos internos con las diversas etnias de la nación.

La predominante etnia Han es la que asociamos tradicionalmente con la imagen de los chinos, pero hay otras como la etnia uigur , que son musulmanes, más morenos y viven en el occidente del país.  Generalmente las disputas se dan por materia de exclusión y por una marcada diferencia étnico-cultural, aspecto esencial que ha se ha reforzado con el discurso nacionalista de Xi Jinping.

Etnia Uigur

Un aspecto que ciertos analistas consideran que algún momento pasará, será lo relacionado con la democracia China. Hoy por hoy el acceso al Internet en el país es limitado y su cobertura no es muy grande. Hay todavía una inmensa China rural de millones de personas que se alejan de esas urbes sobrepobladas como Shenzhen o Beijing. Esto todavía dará trabajo para la superación total de la pobreza, pero tiene una consecuencia y es un mayor acceso a la educación en la sociedad. 

En estos momento hay una especie de luna de miel entre Xi jinping y el pueblo chino, más allá de la obvia vigilancia y fallas en materia de derechos como la libertad de opinión. Xi Jinping tiene el aura mesiánica, es el hombre encargado de llevar a China a ser la nación más grande, siendo ese el objetivo es perdonable la falta de real democracia. El problema es que conforme el crecimiento económico comience a desacelerarse, es probable que esa china educada empiece a cuestionar el poder.

De igual modo, lo anterior es simplemente una posibilidad, como la hay muchas más. En una sociedad en la cual los ciudadanos no pueden elegir su presidente, y que además existe un control que llevó a que un nobel de paz morir en la cárcel (liu Xiaobo), es difícil que sea tan controlada por mucho tiempo. Por el momento, Xi Jinping es el presidente chino con más poder desde los tiempos de Mao y su proyecto claramente fue uno de los 10 hechos más destacados de la presente década. 

Nota: La situación del Covid por supuesto tiene una relación muy importante con China, pero todo lo relacionado con la pandemia y sus consecuencias será un tema que se desarrolle mejor en la siguiente década.

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