Habitar la dificultad

Podríamos considerar por diversas razones el 2020 como un annus horribilis. En este juego de la existencia por supuesto hay gente que ha pasado peor que otros, e inclusive hay quienes se les ha mejorado su vida durante este complejo presente. Sin embargo, el adjetivo mínimo para este año es sin duda el de “difícil”, llevamos meses nadando sobre la dificultad y vale la pena sentarse a pensar un poco sobre lo que esto puede significar.

La inspiración de este articulo ha sido un texto que me encontré, está escrito por el pensador colombiano Estanislao Zuleta. “Elogio a la dificultad” titula dicha obra en la cual se hace una fiel representación de su titulo. El texto comienza cuestionando el extraño deseo que forja a muchos de los humanos de un mundo donde no haya problemas, donde todo salga según el plan y podamos recurrir a un mínimo esfuerzo.

La perspectiva de Zuleta es retadora en el sentido que elogia lo difícil, precisamente porque nos lleva a límites donde la creación, innovación y trabajo se requieren. Por supuesto que a veces podemos ahondar y disfrutar de la paz que genera la falta de estrés y complicaciones; pero según el autor, de ello no se ha creado algo que valga la pena para la especie.

Estanislao Zuleta

Una de las consignas del sabio budismo es aceptar que la vida es sufrimiento, no podemos escapar a la tragedia ya que ella ronda la existencia estando siempre lista para atacar. En términos generales, los únicos que descansan y no tienen problema alguno ya se encuentran bajo tierra; mientras estemos vivos no pararemos de encontrarnos con retos.

Esto por supuesto puede variar de persona a persona, y mucho tiene que ver el nivel de ambición que tengamos. Entre más queramos, más retos nos toca enfrentar y más sacrificios vendrán en el camino; pero sucede que la especie humana está en un matrimonio con la inconformidad. Más allá de que ser conformista es aceptable y válido (me considero conformista en la mayoría de cosas en mi vida), ciertos motores inconscientes impulsan hacia conseguir algo más.

Una de las características más curiosas que podemos tener, es el hecho que no percibimos los sucesos objetivamente, sino que siempre lo adecuamos en un marco. Un ejemplo de esta condición lo encontramos en lo siguiente:

Imagina que llevas meses buscando un aumento de salario, digamos que un 5% es lo que consideras que te será suficiente para vivir más cómodamente. El jefe de la compañía te ofrece un 10% y tu nivel de felicidad aumenta al darte cuenta que es el doble de lo que querías. Pero esta emoción se disipa cuando te enteras que a todo el resto de compañía se les aumentó en un 20%. Por supuesto pensarás que hay injusticia, cuando ocurrió un hecho que objetivamente te mejoró la vida el doble de lo que deseabas.

En términos generales, los únicos que descansan y no tienen problema alguno ya se encuentran bajo tierra; mientras estemos vivos no pararemos de encontrarnos con retos.

Del mismo modo navegamos por la dificultad, hay ciertos retos que hoy enfrentamos y a los que le dedicamos todo nuestro esfuerzo mental. A veces nos bloqueamos y pensamos que no seríamos capaz lidiar con más, pero un problema mucho más grande aparece. Este nuevo suceso reconfigura la visión que teníamos de nuestro problema anterior, y nos damos cuenta que nunca fue para tanto.

Habitar la dificultad es reconfigurar constantemente lo que consideramos difícil o importante. Es asumir que nos hallamos en una paradoja, donde si nos aferramos a la zona de confort posiblemente nos recriminemos eternamente por no intentar algo más. Pero si decidimos intentar algo más, nos encontraremos con retos y una insatisfacción que nos puede llevar a mejores lugares, pero no elimina la inconformidad por completo.

Ante este tipo de situaciones, a veces he pensado que aferrarse al absurdo de la vida es nuestra mejor esperanza. Reconocer nuestra pequeñez en el contexto de un universo que va más allá de nuestra imaginación es lo primero. Lo segundo es despreocuparnos porque por fortuna no somos importantes, ni nuestros éxitos ni fracasos superarán el umbral del olvido bajo el inclemente tiempo. Lo tercero es disfrutar la dificultad, de algún modo esto nos hace saber que estamos vivos, en el momento que no exista la dificultad será cuando nuestra conciencia se haya esfumado y así podremos descansar en paz.

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